Seguridad y segregación ubana

Leyendo un blog el otro día, me he que quedado con la frase -Lima como la conocíamos ha muerto-, y un genial comentario decia… – el problema es que nos dejaron el cadaver-

La idea no puede ser mas cierta, Lima es una masa amorfa y sin fin, de casas y calles sin ningún planeamiento urbano. En donde los lugares públicos como plazas y parque han perdido su sentido y el tráfico colapsado amarga la vida de los ciudadanos. Los altos niveles de contaminación, la ausencia de servicios públicos, la insuficiencia de recursos municipales, hacen que la ciudad sea realmente un cadaver.

¿Cómo hemos llegado a este punto? Son muchas las causas, pero esta vez solo vamos a incidir en dos de ellas, la seguridad y la segregación residencial.

La segregación residencial es producto de la inseguridad. Las clases con mas recursos se encierran en urbanizaciones exclusivas. No solo las elites se segregan, las clases bajas también lo hacen y por las mismas razones. Esta segregación unida a una expansión sin control de los límites de la ciudad hace que el centro pierda valor en favor de nuevos centros, formando se asi una ciudad policéntrica. Donde los habitantes dificilmente salen de su entorno, desconocen el resto de la ciudad y pierden identidad frente la ciudad en su conjunto.

La seguridad define la manera como vivimos. Debido a la incapacidad de nuestros gobernantes para suplir esta necesidad básica, los habitantes tomamos decisiones de acuerdo a nuestros intereses particulares, nos alejamos de la ciudad, cerramos las calles, cercamos las casas, evitamos nuevas construcciones, nos apoderamos del espacio público, no para el beneficio común sino para el particular, es decir nos segregamos. Esto afecta la manera como vivimos, nuestros hijos ya no juegan en las calles, sino en el centro comercial, papá tiene que viajar mas para ir a trabajar, mamá se encierra en casa porque no puede ir a ningún lado y los abuelos se sacrifican el domingo para cuidar las casas. Todo nos queda lejos, no conocemos a los vecinos y poco nos importa el resto. Todo esto sin ser concientes del alto coste que generamos al vivir lejos, apartados, tanto para nuestra economía particular, como para el estado que debe proveer servicios, el coste ecológico, y el tiempo perdido.

¿Cómo se puede arreglar esto?

Lamentablemente la seguridad no se arregla sumando mas policías en las calles, la seguridad tiene que ver con otros aspectos, como una sociedad justa y equilibrada. Conseguirla depende de acortar las diferencias entre ricos y pobres, teniendo una cultura de cumplimiento de las leyes y haciendo que el estado sea justo y eficiente para con sus ciudadanos. Cosas que definitivamente aún estamos muy lejos de conseguir.

De momento, hay que hacer trabajo de hormiga y contribuir cada uno desde nuestra trinchera. Y sobre todo ser concientes de la manera que afectamos al entorno, al espacio público y que de este, depende nuestra manera de vivir y la calidad de nuestra vida.

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